Un todo terreno muy estable
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Lo mejor del RAV4 es su suspensión: hace de él un vehículo estable sin resultar incómodo; es lo suficientemente blanda para no agitar a los ocupantes cuando pisa una irregularidad importante en carretera y lo suficientemente dura para que la carrocería no cabecee en exceso. De este modo se evita que los bajos puedan golpear contra el suelo al pasar por un saliente el camino a más velocidad de lo recomendable.
Un BMW X3 va mejor por carretera porque los movimientos de la carrocería son menos amplios y tiene un tacto más similar al de un turismo. Un Honda CR-V es más parecido al RAV4 pero va más blando, sobre todo cabecea más, y resulta menos ágil.
En cualquier caso, el control de estabilidad («VSC») evita que la pérdida de trayectoria sea grande. Este dispositivo, que no es desconectable, tiene unas funciones poco habituales, como inducir el giro correcto del volante en caso de pérdida de la trayectoria o un sistema que retiene el coche al arrancar en una rampa.
Con el motor de 2,2 l de cilindrada y 136 CV el RAV4 alcanza 180 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 10,5 s; el consumo medio es 6,6 l/100 km.
Aunque le falta algo de fuerza a bajo régimen, no es de los peores en este sentido ya que se puede arrancar sin hacer patinar mucho el embrague. El tacto del pedal de este mecanismo no era muy bueno, al menos en nuestra unidad, y requería acostumbrarse a él para que no diera tirones al cambiar de marcha.
Un aspecto que no nos ha gustado a algunos de los que hemos conducido el RAV4 ha sido la palanca del cambio de marchas. No sé si es por cómo está colocada (cuando está en punto muerto no queda vertical, sino inclinada hacia delante) o por su guiado, pero en ocasiones (siempre al reducir) costaba acertar con la marcha correcta.
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