Cómodo y poco ruidoso
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La suspensión del XC90, independiente en las cuatro ruedas, no resulta seca circulando por carreteras ni por caminos. Además, para tratarse de un vehículo de sus características, la carrocería no presenta movimientos excesivos de balanceo, lo que permite afrontar las curvas con cierta confianza.
En campo, a pesar de la buena altura libre al suelo con la que cuenta, el corto recorrido de las suspensiones y las frecuentes pérdidas de motricidad cuando una rueda queda en el aire, suponen unas importantes limitaciones. Tampoco lleva reductora.
El motor de 185 CV resulta suficiente para mover con soltura los algo más de 2.000 kg que pesa. Con él, el XC90 D5 alcanza 195 km/h y tarda en acelerar de 0 a 100 km/h 10,9 s. El consumo medio homologado es 8,2 l/100 km. Según los datos oficiales, la relación entre prestaciones y consumo es mejor que en cualquier otro todo terreno de características similares.
Por ahora sólo está disponible con una caja de cambios manual de seis velocidades; más adelante lo estará con una automática, también de seis relaciones, de tipo secuencial (Volvo la llama «Geartronic»).
Sin resultar brusco, al acelerar se nota un importante aumento del empuje a partir de 1.800 rpm. El límite de giro está ligeramente por encima del final de la escala del cuentarrevoluciones (graduado hasta 5.000 rpm), régimen que alcanza con facilidad.
Es complicado arrancar rápidamente desde parado, algo que resulta molesto si hay que incorporarse con rapidez a una carretera desde un "stop", por ejemplo. En marcha, tampoco tiene buena respuesta a bajo régimen.
No es un motor ruidoso (se oye poco a velocidad constante y algo más en aceleraciones fuertes) pero los hay mejores en este aspecto, como el V6 2.7d que monta el Land Rover Discovery.
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